16 de Junio: Día internacional de Supervivientes de Cáncer


Miles, quizás millones de personas han podido superar el cáncer.
Al igual que pasa con los veteranos de guerra quedan huellas y estigmas físicos y psicológicos que dan testimonio del paso de la enfermedad.
Las cicatrices, el cambio de color, textura y forma del pelo son rasgos algunos de los cambios corporales que vivencia el paciente.
A pesar de que pase el tiempo aún las personas que han padecido cáncer sienten miedo a una recaída y pánico a tener que volver a hacer quimioterapia o algún tratamiento oncológico.
La vida después del cáncer ya no es la misma. En algunos aspectos la enfermedad se convierte en un aprendizaje y una oportunidad para fortalecer vínculos con familiares y amigos. En algunos casos me han comentado los pacientes que partir del cáncer se animaron a dar fin a una relación conyugal, parental o de amistad que les era nociva o dañina pero que por alguna causa no podían dar fin. Después que se enfermaron tomaron el coraje y se animaron.
La reinserción laboral suele ser dificultosa, ya sea por la carga horaria, la falta de tolerancia hacia algunas cuestiones que nunca antes la persona se había planteado, como por ejemplo: ¿Por qué tengo que aguantar a mi  jefe? ¿Por qué tengo que trabajar en algo que no me gusta? ¿Vale la pena pasar tanto tiempo acá?
También hay que destacar que muchas personas aman y disfrutan de su trabajo, y de hecho continúan trabajando durante el tratamiento. Como oncólogo trato de que el paciente continúe con su vida habitual pero jerarquizando a la salud sobre otras preocupaciones.
Algunos pensadores a modo metafórico comparan al cáncer con un tsunami o una guerra, donde hay  gente que queda en el camino, pero los que sobreviven tienen la ardua tarea de trabajar en la reconstrucción.
En esa reconstrucción hay que replantearse la vida.
Ese replanteo es  una buena oportunidad para valorar lo que somos y quienes nos rodean. Aprender a priorizar lo interior por sobre lo exterior. Aprender a disfrutar de cada momento.
Hoy es un día donde pacientes, familiares, médicos y enfermeras nos debiéramos fundir en un gran abrazo de victoria.
Por lo tanto los invito a vivir mejor, con mucha felicidad, entregando y recibiendo amor.
No  se deben  olvidar que la prevención es el mejor y más corto camino hacia la curación.

Por Dr. Claudio Dubersarsky

Asesor Médico Lalcec Córdoba